2 abr. 2014

El arte del maleficio: La bruja en el cine


Por Lucero Isabel García Carrillo
México

El concepto de bruja surge en la cultura babilónica para referirse a la mujer que practica una "magia negra" contraria a los preceptos religiosos institucionalizados, delito que en el Código de Hammurabi se castigaba arrojando al río a las culpables (Montse Hormigos Vaquero en "Guía para ver y analizar: La Semilla del diablo. Roman Polanski").


En el cine, la figura de la bruja es un tópico inagotable que cuenta con varias facetas. Una de ellas es la hechicera sensual y atractiva que seduce por su belleza, que encarna a la Circe joven que, en "La Odisea", embauca a Odiseo y transforma a sus acompañantes
en cerdos.
 
La bruja es poderosa en cuanto combina encanto y saber, establece contacto con el demonio mediante orgías y ritos, y en ocasiones se convierte en su sacerdotisa, tal como puede verse en películas como "Häxan" (1922) o en "The Undead" (1957).

La otra faceta es presentarla vieja con horrible apariencia, rechazada y temida por el uso excesivo de su conocimientos y tendencia a la destrucción. En la filmografía de Dario Argento se encuentra "Suspiria" (1977) que forma parte de una trilogía que el propio director fue armando a partir de su influencia literaria, en especial del relato de Thomas de Quincey sobre tres madres: Mater Lachrymarum (Lágrimas), Mater Suspiriorum (Suspiros) y Mater Tenebrarum (Oscuridad). Como las Parcas, en la mitología griega, son tres hermanas: Cloto, Laquesis y Atropos. La primera otorga los hilos de la vida de cada persona; la segunda, entrelaza los hilos y decide cuan largo será el hilo de la vida de cada quien; finalmente, la tercera, es la encargada de cortar el hilo y, con ello, dar por terminada la existencia de la persona.

Suspiria como hálito misterioso de vida, todo el poder tectónico encarnado en un ser femenino que se nutre de la energía joven de las alumnas de una academia que es el corazón de Suspiria, la madre destructora. Su existencia oculta como sombra peligrosa vela el sueño de las jóvenes. Suspiria es una bruja maligna, una entidad demónica.

En "La maschera del demonio" (1960), Barbara Steele encarna a una hechicera llamada Asa Vajda quien parece no albergar ni una gota de humanidad en su interior cuando regresa 200 años después de su muerte para sembrar el caos entre la familia de su execrable hermano. También se presenta como enemiga del bien, del orden establecido por las instituciones patriarcales que socaban por todos los medios al desarrollo de las mujeres inconformes y la propagación de sus ideas. Siempre combatidas por medio de acciones y métodos violentos, es importante recordar la escena donde le clavan la máscara a punta de mazos.

En la actualidad producciones como "The Lords of Salem" (2012) o "Las Brujas de Zugarramurdi" (2013) demuestran una vez más la vigencia renovada de la bruja en la pantalla.










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