16 sept. 2013

“Stridulum” (1979): Chirridos del mal absoluto

Por Erica Couto
Italia

Aparentemente, "Stridulum" (1979) no es otra cosa que un producto cinematográfico destinado a engrosar la larga lista de películas con niño maléfico protagonista producidas en Estados Unidos durante la década de los 70'. Sin embargo, esta cinta denostada que tiene el gran honor de haber puesto de acuerdo a crítica y público es un prodigio de sinsentido, un pulp cinematográfico en toda regla con escenas y efectos genuinamente terroríficos mezclados con recursos baratos de serie B. Como si se hubiesen gastado los cuartos antes de terminar de producir la cinta y hubiesen tenido que apañárselas con gomaespuma, un puñado de petardos y unos metros de cinta aislante, "Stridulum" hace honor a su nombre, chirría y corta el aire con estridores sublimes.

La historia da comienzo en un desierto apocalíptico en el que aparece John Ford (el Bien) envuelto en una capa cual monje medieval. Espesas nubes se arremolinan allá arriba en un cielo devorado, la nada se extiende desértica alrededor. Frente a él, a lo lejos, se materializa una figura menuda: una niña (Katy, interpretada por Paige Conner), ¡que es la encarnación de Sateen (Shaitan, Satán), el Mal absoluto, y que, como no podía ser de otra manera, vive en Estados Unidos y atesora capacidades sobrehumanas! Por si esto fuera poco, la madre de este monstruo maligno infantil posee un útero prodigioso capaz de engendrar seres de capacidades físicas e intelectuales superiores, y es por ello que un grupo secreto de malos de libro liderado por Mel Ferrer quiere hacerse con el control de su cuerpo para lograr producir un segundo superhombre. Si esto no es lucha cósmica servida en bandeja de plata que baje John Huston y lo vea.
 
Entre las mejores escenas de la película se alza vencedora aquella en la que la niña le espeta un sonoro "Go fuck yourself!" a nadie menos que a Glenn Ford. Haber rodado "Gilda" para esto. Pero hay otras escenas de enjundia, como no: momentos de delirio deportivo y euforia sobre patines, en las que Katy masacra a una horda de adolescentes en una pista de hielo de un centro comercial; Katy que dispara a su madre durante su fiesta de cumpleaños, dejándola paralítica; un Franco Nero que predica a modo de Jesucristo de discoteca con larga y rizada melena de rubio teñido. Y más allá de este crescendo magnífico de goliardesco exceso, esa escena pavorosa que sucede en una gran sala de espejos: las pulidas superficies en penumbra reflejan a una Katy, o más bien a muchas Katies, que, multiplicadas, golpean furiosamente el vidrio desde el interior de los propios espejos, haciéndolos vibrar con un horrendo y sobrecogedor estruendo.

No se dejen pues influir por las injustamente bajas valoraciones que pululan por la red. "Stridulum" es exploitation de autor, perla de la exageración y la demasía: se cubre con grandes nombres del cine (Sam Peckinpah, Shelley Winters, Lance Henriksen, entre muchos otros); despacha efectos especiales a cada minuto; y el argumento que nos sirve es tan inflado que se desborda. En todo esto radica la grandeza de esta producción que se mueve en ese impreciso límite temporal entre las corrientes cinematográficas de los 70' que exploraban la vena ocultista y de lucha del bien contra el mal, y el delicioso cutrerío que preanuncia lo mejor del menos-es-más de los 80'. Si toman la película por lo que es, la disfrutarán. Y añado: mucho.

Título original: "Stridulum". Títulos alternativos: "The Visitor" y "El visitante del más allá". Países y año: Estados Unidos e Italia, 1979. Director: Giulio Paradiso (a.k.a. Michael J. Paradise). Guión de: Luciano Comici y Robert Mundi. Elenco: Mel Ferrer, Glenn Ford, Lance Henriksen, John Huston, Joanne Nail y otros.










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