26 jul. 2013

"Jigoku" (1960): El infierno es encantador

"Y el guía díjome:
'Tan solamente, cuando suene la angélica trompeta, despertarán ante su juez potente; encontrarán su triste tumba quieta; revestirán
su carne y su figura, 
y el fallo eterno,
oirán con alma inquieta'"
Dante Alighieri,
"La Divina Comedia"

Por Juan Martín Staffa
Argentina

Año 1960. Son tiempos de cambio para el cine de terror. La productora británica Hammer disfrutaba del éxito de sus reversiones de clásicos decimonónicos de la mano de Christopher Lee, Peter Cushing y Terence Fisher. Tierra adentro en Europa, Francia se estremecía por las escenas gore de "Les Yeux Sans Visage" (1960), obra maestra de Georges Franju, que lograba la estilización del terror sin renunciar a la calidad narrativa. En Estados Unidos, esto era confirmado por el pulso magistral de Alfred Hitchcock, quien shockeaba a las audiencias con el estreno de "Psycho" (1960). Desde los márgenes, Roger Corman demostraba que no era necesario un gran presupuesto para hacer cine de terror. 

En Oriente, más precisamente en Japón, la situación era muy diferente. Las películas de terror eran un ámbito desconocido. Cineastas como Yasujirô Ozu y Kenji Mizoguchi se dedicaban a un cine reposado, repleto de historias minimalistas y contemplativas. El único que se atrevía a experimentar con géneros dentro del mainstream local era Akira Kurosawa, quien se mantenía igualmente distanciado del género de terror.

Shintoho, una humilde productora, era la única que parecía comulgar con el género en cuestión. La compañía contaba entre sus directores más reconocidos a un tal Nobuo Nakagawa, quien ya había presentado pequeñas películas de fantasmas tales como "Kaidan Kasane-ga-fuchi" (1957), "Bôrei kaibyô yashiki" (1958) y "Tôkaidô Yotsuya kaidan" (1959).

Un día, el propio Nakagawa recibió una llamada de Mitsugu Okura, uno de los productores estrella de Shintoho. Okura tenía la idea de rodar una película centrada en el viaje de un hombre a través del cielo y el infierno. El título propuesto para la cinta era "Heaven and Hell". Nakagawa le pidió a su amigo guionista Ichirô Miyagawa que escribiera un guión en base a aquella idea. Miyagawa cumplió y entregó un borrador que, para sorpresa del productor Okura, dejaba completamente afuera al pasaje por el cielo. Con astucia, Miyagawa respondió que el cielo sería el eje de la secuela. Okura tenía el dinero para la financiación y aceptó la propuesta. Pocos imaginaban que el director Nakagawa había quedado tan cautivado por la idea que estaba decidido a hacer de ese proyecto una aventura personal.

Así nació "Jigoku" (1960), la historia de un joven estudiante que se ve envuelto en un accidente de tránsito en el que muere una persona. Carcomido por la culpa, el joven iniciará lentamente un viaje por el infierno, tanto metafórica como literalmente.

Las grandes películas son aquellas que vuelven una y otra vez a nuestras mentes, incluso mucho después de haber finalizado. Si "Jigoku" tiene una virtud principal, es la de permanecer en el inconsciente del espectador a partir de una imaginería visual nunca antes vista en el cine. El diseño de producción, los impresionantes efectos especiales, la iluminación y el maquillaje ubican a esta cinta como una de las grandes obras de la historia del cine de terror.

La compañía productora Shintoho literalmente quebró a la mitad del rodaje. De hecho, la filmación de "Jigoku" sufrió todo tipo de percances financieros que Nakagawa y su equipo de técnicos debieron solucionar sobre la marcha. Uno de estos inconvenientes fue que se quedaron sin dinero para filmar la última secuencia de la película, la más relevante, la del viaje del protagonista a través del infierno. Gracias a la fuerza de voluntad y creatividad del equipo de filmación, pero principalmente a partir de la ambición y original visión de Nakagawa, el rodaje pudo completarse, dando como resultado una impresionante secuencia onírica de 40 minutos de duración que es una lección de cómo hacer buen cine de horror de muy bajo presupuesto.

A pesar de todos estos méritos, la cinta no fue bien recibida en su momento, ni por el público ni por la crítica. Las escenas gore de alto impacto fueron rechazadas por la cultura japonesa, y la trama resultaba demasiado pretenciosa para un público acostumbrado a historias más simples. La popularidad de Nakagawa, que ya de por sí no era considerable, se fue diluyendo hasta su muerte en 1984.

De todas formas, "Jigoku" marcó un antes y un después en la filmografía de terror de Japón, abriendo las puertas a un cine de género más maduro, sustentado no tanto en el presupuesto sino en la creatividad y la capacidad de combinar recursos clásicos del cine occidental con la filosofía e idiosincrasia japonesas. El germen de la visión de Nakagawa sobre el terror se transmitiría en propuestas exitosas como "Kaidan" (1964), "Onibaba" (1964), "Yabu no naka no kuroneko" (1968) y "Hausu" (1977). Hoy, a casi 30 años de su muerte, puede decirse que Nakagawa finalmente es reconocido como el gran precursor del terror nipón. Esto puede verse a partir del homenaje permanente en filmes de importantes cineastas japoneses como Kiyoshi Kurosawa, Hideo Nakata y Takashi Shimizu.

Por todo esto, la magistral "Jigoku" fue, es y será siempre la gran joya del cine de terror japonés.

Título original: "Jigoku". País y año: Japón, 1960. Director: Nobuo Nakagawa. Guión de: Nobuo Nakagawa y Ichirô Miyagawa. Elenco:  Shigeru Amachi, Utako Mitsuya, Yôichi Numata y otros.

1 comentarios :

Hola,me gustó mucho tu entrada,"Jigoku" aparte de haber sido llevada al cine,también es un anime pero con otro contexto,en este caso se llama "Jigoku shoujo" donde entras en una web,tecleas el nombre de la persona que quieres matar y aparece Emma Ai,te dará un muñeco de paja con un lazo rojo,Es anime Japonés y viene bien conocer esa cultura,me gusta mucho tu blog,la verdad que está todo bien explicado,cada película,saludos.










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