20 ago. 2012

"Kill List" (2011): Pesadilla a la inglesa

Por Juan Martín Staffa
Argentina

Hacia fines de marzo de 2011, en medio de la crisis financiera que azotaba Inglaterra y el resto de Europa, el UK Film Council, entidad privada con apoyo gubernamental que se ocupaba del financiamiento cinematográfico, cerraba sus puertas. Los pocos recursos que quedaron pasaron al British Film Institute, más conocido como BFI, que ha tambaleado a causa de los enormes recortes presupuestarios producto de una severa crisis fiscal.

Sin embargo, los avatares financieros han llevado a un grupo de jóvenes cineastas a encontrar formas de continuar haciendo cine con muy escasos recursos. De ahí que dos de las películas inglesas más exitosas del año pasado sean un par de historias muy pequeñas pero contundentes que casi no han tenido presupuesto: "Tyrannosaur" (2011), de tono más dramático, y "Kill List" (2011), una original propuesta de suspenso y terror.

La historia que presenta "Kill List" es simple. Jay es un joven padre de familia que regresó recientemente de la guerra de Irak, y tiene un oscuro secreto que comparte con su esposa y su mejor amigo: es un asesino a sueldo. Agobiado por los problemas financieros, Jay accede a un contrato para asesinar a tres personas a cambio de una sustancial suma de dinero. Claro que todo se desbarranca y Jay se irá inmiscuyendo poco a poco en un infierno. Ahora bien, ¿es real o se trata de una horrible pesadilla producto de su propia mente retorcida?

Lo que no es fácil en el caso de "Kill List" es catalogarla. Por momentos se trata de un drama, durante otros se está en presencia de un thriller puro y duro, y un minuto más tarde el espectador se encuentra con agobiantes climas de suspenso rematados con alguna escena gore.

La dirección y el guión del joven Ben Wheatley son precisos, eficaces y no necesita valerse de golpes de efecto para sorprender al espectador –más allá de algún plot hole hacia la mitad de la película–.

Un punto a favor de "Kill List" es que se vale de pocos personajes, por lo que los más de 90 minutos de duración son suficientes como para conocerlos a fondo. La utilización de locaciones concretas de la ciudad y la campiña inglesas le da un toque realista al filme. Pero al mismo tiempo, los juegos de luces, los colores saturados y los desenfoques de la cámara brindan un tono pesadillesco a un relato que se va tornando cada vez más agobiante. Se destaca, en este sentido, una de las escenas finales en una cueva en medio del campo, probablemente una de las escenas más claustrofóbicas y angustiantes desde aquella que filmara Quentin Tarantino con Uma Thurman revolcándose dentro de un ataúd en "Kill Bill: Vol. 2" (2004).

La música es otro elemento importante. Si bien no abunda, los acordes discordantes irrumpen en una fracción de segundo, generando una sensación de incomodidad en el espectador. Es un recurso que remite al cine de David Lynch y, más específicamente, a "The Shining" (1980), el clásico de Stanley Kubrick, película con la que "Kill List" tiene más de una conexión.

Esta película demuestra que el cine inglés, a pesar de las dificultades que ha tenido que sortear en los últimos años, puede ofrecer buenas historias de calidad técnica y narrativa. Para el género de terror, se trata también de una buena oportunidad para separarse de aquellos filmes que se valen del regodeo del gore sin ningún sentido.

Título original: "Kill List". País y año: Reino Unido, 2011. Director: Ben Wheatley. Guión de: Amy Jump y Ben Wheatley. Elenco: Neil Maskell, MyAnna Buring, Harry Simpson, Michael Smiley y otros.










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