9 jul. 2012

Creando atmósferas: La técnica al servicio del género de terror


Por Gonzalo Gala
España

Todo género ha querido despertar el interés de una historia a base de repetir una serie de claves, con el fin de crear unas emociones. El miedo se ha querido lograr a través del maquillaje o la manipulación de la fotografía. El expresionismo alemán se servía de las sombras proyectadas sobre la pared para producir inquietud de sus imágenes. Otras son producidas "ex profeso", pero ampliamente rentable, como los "descuidos" ante la cámara, que aprovechaba Jacques Tourneur para presentar a sus criaturas en la pantalla ("Cat People").

Un hito fundamental, dentro de la atmósfera en el cine de terror, es la aportación del llamado giallo italiano. Juan Antonio Molina Foix, en "Mario Bava, fotógrafo del miedo" (artículo incluido en "Del giallo al gore, cine fantástico del terror italiano"), mostraba cómo la iluminación multicolor -para definir las emociones- y los movimientos continuos de cámara, a un ritmo lento, eran suficientes como bases técnicas del terror que seguirían los creadores del giallo. Toda una referencia para el cine de los años setenta.

Películas como "The Texas Chain Saw Massacre" (1974) de Tobe Hopper; "Halloween" (1978) de John Carpenter; e incluso "Night of the Living Dead" (1968) de George A. Romero presentan una influencia de este estilo, aprovechando el carácter casi amateur de produciones del género.

El amateurismo está muy presente en un género en el que abundan los bajo presupuestos, pero hay ocasiones en que este envoltorio amateur resulta efectivo. Los planos largos, la cámara fija, la ausencia de música o el cásting de actores desconocidos era parte de la estrategia para buscar el realismo, seguido por muchas producciones de los setenta, desde los primeros filmes de Wes Craven a "The Texas Chain Saw Massacre".

Esta envoltura casi amateur se debe también a las pocas habilidades cinematográficas del cineasta o el montador. Podría servirnos la película "It's Alive", de Larry Cohen. Una criatura monstruosa, con forma de bebé, escapa de una clínica abortiva, cundiendo el pánico por donde pasa. Su primitivismo formal se reflejaba en los curiosos movimientos de cámara con los que creaba un cierto aire de horror: los trávellings a ras de suelo, a la altura del bebé, o los precipitados cambios de angulaciones. Lo cierto es que la película tenía un cierta atmósfera, en parte gracias a la música de Bernard Herman.

El cine de terror más sofisticado se ha marcado por las dosis sobresaltos diseñados al combinar sonidos e imágenes, ahora con un diseño digital. Una última tendencia destacada dentro del "cine amateur" es el recurso de la "cámara subjetiva" al servicio de la historia con una búsqueda, casi obsesiva, por buscar el realismo a través de ese "ojo que todo lo ve". Se pueden encontrar ejemplos en el falso documental, llamado "horrormentary", como "Cannibal Holocaust" (1980) de Ruggero Deodato; "The Blair Witch Project" (1999) de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez; e incluso la telerrealidad de la saga REC de Paco Plaza y Jaume Balagueró.










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