10 ene. 2012

Subgénero Rape and Revenge: Terror en la América Profunda

Por Gonzalo Gala
España

El cine es uno de los medios más destacados a la hora de reforzar una serie de prejuicios. Un mundo tan urbano como el norteamericano, considera la América Profunda la de aquellos pueblos rurales ubicados en medio de ninguna parte, con una moral retrógrada y donde todos sus habitantes los mirarán mal al llegar.

En su versión del horror, existe una geografía de la locura que hunde en sus raíces culturales. No por casualidad, muchas representaciones de este estilo surgieron en los años setenta. Una década marcada por los magnicidios de los Kennedy, el fantasma de la Guerra de Vietnam o la crisis de la Era Reagan. Esta situación generó un subgénero entre el thriller y el género del terror, conocido popularmente como Rape and Revenge.

El filme que inició este tipo de películas fue el debut de Wes Craven, "The Last House on the Left" (1972). Y este ciclo cuenta con una sencilla estructura, en tres actos: una mujer es violada, torturada y dada por muerta; sobrevive y se rehabilita a sí misma; la mujer persigue y mata a todos sus violadores.

Plantea sin alardes discursivos cuestiones como la misoginia existente en las zonas marginales de la sociedad, los instintos depredadores del hombre apenas dominados y los sentimientos más deshumanizados de la venganza.

A eso, habría que sumarse la forma de rodar que se reveló como una figura de estilo, marcado también por la falta de recursos. Planos largos, cámara fija, ausencia de música, un cásting de actores desconocidos y un primitivismo formal, como señas de identidad de un subgénero del que se nutrió el slasher: terror con una violencia muy explícita como "The Texas Chain Saw Massacre" (1974), de Tobe Hooper, o la reciente "House of 1000 Corpses" (2003), de Rob Zombie.

Esta temática abarca cualquier filme ambientado en la América Profunda, en donde los protagonistas sufren la ira de unos pueblerinos, que frecuentemente se dedican a masacrar a los forasteros, debido a las cicatrices dejadas por la Guerra Civil americana, a su férrea religión o simplemente a sus costumbres. 

Este tipo de cine ha otorgado grandes películas del género de terror, casi siempre protagonizadas por grupos de jóvenes que van de vacaciones al lugar equivocado o que se pierden por el camino.

Aquí se encuentran los prejuicios del urbanita, cínico y prepotente que se considera civilizado, y el paleto de pueblo, salvaje y primitivo. Personajes que tienen el aspecto de pasarse los fines de semana con la cerveza en la mano, en frente del televisor; enfermos mentales, quizás producto de las relaciones incestuosas del Profundo Sur (recordar "Deliverance" de John Boorman).

Todas ellas, metáforas sobre la inutilidad de las convenciones y estructuras sociales frente los instintos primarios. Aunque en este tipo de películas suele aparecer el personaje del salvaje, con un ligero barniz civilizado, en la figura del sheriff.

Al final, el mensaje subyacente a las películas de justiciero individualista era que el vengador, pese a haberse saltado la legalidad, quedaba redimido por haber salvado al mundo civilizado del mayor de los peligros.










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