16 nov. 2011

"Nekromantik" (1987): Necrofilia como comentario social

Por Pablo Cardozo Di Lorenzo
Uruguay 

Lo maravilloso del cine underground, ya sea de cualquier país o época, es la diversidad de géneros y subgéneros que abarca, fusionando así la creatividad ilimitada (no en términos de budget o presupuesto) y conformando talento e imaginación.

El cine alemán posee una rica y profusa historia cinematográfica, desde el Expresionismo de comienzos del Siglo XX con los clásicos "Das Cabinet des Dr. Caligari" (1920), de Robert Wiene, y "Nosferatu" (1922), de F. W. Murnau (una de las primeras películas en presentar la figura del vampiro), pasando por los filmes bélicos de guerra y postguerra, entre otros. Ejemplos del Nuevo Cine Alemán incluyen al transgresor Rainer Werner Fassbinder, Wim Wenders, Rosa Von Praunheim y Werner Herzog, director de la adaptación "Nosferatu: The Vampyre" (1979).

Los filmes de bajo presupuesto están entrelazados invariablemente con el género del horror. La década de los 80', sobre todo a finales de la misma, y principios de los 90' vieron nacer en Alemania a un pequeño pero agerrido grupo de jóvenes filmmakers que con gran valía dejaron su huella. Con un ínfimo presupuesto y costos de producción, pero con ganas reales de plasmar sus ideas en el mercado, (y así bien lo hicieron), estos realizadores marcaron gloriosos tiempos del cine underground de horror alemán. Este movimiento está unido invariablemente a otros subgéneros: el cine explotativo (shock y sex exploitation), el splatter, el slasher, el gore extremo y hasta los art house films. Es bueno aclarar que la mayoría de las películas de este tipo pasaban directamente a VHS o se exhibían en muy reducidos cines, y eran perseguidas y censuradas en su totalidad por su contenido y conformaban la famosa lista de "Video Nasty".

Se destacan invariablemente los nombres de Andreas Schnaas, joven procedente de Hamburgo y responsable de "Violent Shit" (1989) y sus secuelas; su amigo y colaborador Timo Rose; Olaf Ittenbach, el berlinés director de "Black Past" (1989), "Burning Moon" (1997) y la reciente excepcional "Dard Divorce" (2007); Christoph Schlingensief y su "German Chainsaw Massacre" (1990), variación del clásico de Tobe Hooper; Uwe Boll; y Jörg Buttgereit.

Es precisamente en una cinta de Buttgereit que estará centrada esta crítica, quizás la más polémica del lote: "Nekromantik" (1987).

Es una película muy particular, de eso no hay dudas. La temática de la necrofilia no ha sido enteramente explorada, y siendo un filme de bajo presupuesto, esta verdadera gema del cine merece el reconocimiento del público amante de este género.

La historia es simple: Rob es un veinteañero solitario que trabaja en Joe's Streetcleaning Agency, una empresa que se dedica a limpiar y asear accidentes automovilísticos. Él se encarga de retirar los cuerpos y dejar limpia la escena. A pesar de su solitaria y conflictiva existencia con sus pares, el mundo y la realidad, Rob comparte sus días con su novia Betty. Ambos deciden entonces llevar a cabo algunas de sus fantasías, entre ellas un intenso menage a trois con uno de los cuerpos que deliberadamente el protagonista lleva a casa. De ahí en más, la relación con Betty se deteriora y Rob cae en una profunda depresión llevándolo a la locura.

Si bien el filme posee varias escenas que shockearán y ofenderán a la mayoría de la audiencia, "Nekromantik" funciona de manera tal que es imposible negar el trasfondo social de la misma. El personaje principal, que rápidamente asume el rol de anti héroe, es claramente un alma torturada. El abuso, la humillación y degradación que sufre diariamente hacen que se refugie en su propio mundo, en donde sus perturbadoras y enfermizos delirios lo hacen sentir vivo y poderoso, y a través de ellos puede llegar atener el control de sus deseos y un sentimiento de liberación total. ¿Puede la sociedad contemporánea llevarnos a un grado extremo de locura en donde nuestro único refugio, ese refugio seguro, sea solo nuestra imaginación y actos perversos?

El carisma que Rob proyecta en pantalla (independiente de sus actos), y la naturalidad con que Daktari Lorenz le da vida a su personaje, es innegable. Éste es uno de los grandes atractivos de la cinta: todos pueden llegar a sentir la opresión y la alineación que sufre.

Técnicamente el director maneja imágenes que seguramente hieran la sensibilidad de la mayoría, pero no son enteramente repulsivas. Es más, la escena mas reprensible del filme es el despellejamiento real de un conejo. El género explotativo ha demostrando ser auténticamente cruel con este tipo de escenas (mucho antes que la American Humane Association controlara que ningún animal fuera lastimado o herido en un set de filmación). Clásicos italianos como "Cannibal Holocaust" (1980) y "Cannibal Ferox" (1981) son dos de los más claros ejemplos. Reprobamos y condenamos toda matanza real de animales "por el hecho de entretenimiento artístico".

Buttgereit utiliza toda clase de trucos fílmicos en la película: zooms, close ups, cámara en mano, encuadres particulares de anulación y movimiento, todo funciona para enfatizar la narrativa bastante lineal de la historia.

La escena más famosa de la cinta es, precisamente, el momento en el que los amantes incluyen al cadáver en su intimidad. Sublime concepción del director del filmarla de manera cuasi surrealista, presentándonos una acción de lúdica inocencia, logrando esto fundamentalmente por incluir tomas borrosas, poco nítidas, y utilizar el magistral instrumental compuesto por John Boy Walton, Hermann Kopp y Daktari Lorenz. Sin lugar a dudas, uno de los mejores instrumentales incluidos en un filme de horror. Superlativo.

Otras dos escenas llaman particularmente la atención: la primera es cuando de manera realizada, plena, casi infantil, Rob comienza a correr, riendo y saltando en una desolada playa. Otro sutil guiño de que "Nekromantik" va más allá de lo que el ojo meramente costumbrista de la audiencia puede ver. ¿Será esta toma la exaltación de la epifanía de Rob? Me inclino a decir que sí. La segunda escena sirve como homenaje indiscutible del director Jorg Buttgereit a uno de los referentes invalorables del cine de horror en la historia de la cinematografía del género, el maestro Lucio Fulci.

Estas tomas se desarrollan en un teatro de trasnoche donde están exhibiendo una slasher film, siendo una atractiva chica acechada por un psychokiller. Entonces, de fondo y sin el sonido real de la película, en pantalla se puede claramente oír el inconfundible y desgarrador grito de la bellísima actriz griega Olga Karlatos en la legendaria y mítica escena de "Zombie 2" (1979), en la que uno de sus bellos ojos verdes es atravesado por una astilla de madera.

Lo hizo Buttgereit en 1987 y lo volvió a repetir Rob Zombie en todos sus filmes: el constante agradecimiento, respeto, admiración y devoción que sienten estos realizadores hacia los visionarios y talentosos de antaño. Algo que muchos filmmakers hoy en día deberían de imitar.

"Nekromantik" es una experiencia fílmica distinta, única, casi indescriptible, muy difícil de olvidar, pero si el espectador logra vivirla tal como está presentada (visual y narrativamente), y vincula los hechos con la condición afectivo y sexual de los complejos seres humanos, seguramente tendrá una recompensa inolvidable.

Título original: "Nekromantik". País y año: Alemania, 1987.  Director: Jörg Buttgereit. Guión de: Jörg Buttgereit y Franz Rodenkirchen. Elenco: Bernd Daktari Lorenz, Beatrice Manowski, Harald Lundt y otros.










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