17 may. 2011

"El perro de Baskervilles" (1959): Un clásico de la legendaria productora Hammer

Por Pedro Sala Jiménez
España

"El perro de Baskervilles" (1959) pertenece, junto a "La maldición de Frankenstein" (1957), "La venganza de Frankenstein" (1958), "Drácula" (1958), "La momia" (1959) y "Las novias de Drácula" (1960), a ese grupo de muy buenas películas con las que comenzó la productora Hammer y que se considera su época dorada de mayores logros, tanto económicos como artísticos.

Puedo entender que los puristas se desencantarán con esta película. Solo la atmósfera de terror y de misterio que aparece en la novela, el nombre de los personajes y la base argumental, son lo único que respeta el guionista Peter Bryan.

El filme es muy bueno, una obra maestra que supera a las mencionadas anteriormente. Es verdad que mantiene la misma fotografía de colores vivos, de planos largos que embellecen las escenas, que repite equipo técnico y artístico, que los escenarios son de una belleza trabajada, que juega bien con las luces, con las sombras y con el bajísimo presupuesto, pero esta adaptación muy libre de Sir Arthur Conan Doyle juega con la baza del ritmo frenético que las otras no tienen. No hay duda de que Terence Fisher tenía un gusto especial para la dirección y para el montaje, pero si de algo pecan sus filmes, es que son demasiado lentos.

El prólogo frenético, vertiginoso, montado de una forma tan continua que da la sensación que esté rodado seguido, indica que clase de película se tiene enfrente. Sin darnos cuenta, la intriga aumenta considerablemente a la vez que van pasando los minutos, desconcertando al espectador, mezclando hábilmente el misterio, el suspense y el terror. Es verdad que hay partes algo pausadas, que la historia de amor entre Sir Henry y Cecile parece forzada, pero en ningún momento pierde calidad.

El diseño de producción que recrea Bernard Robinson es simplemente genial. La diferencia entre la opaca mansión de los Baskerville, un edificio triste y dejado de la mano de Dios, y el páramo, un lugar desolado, con arenas movedizas y con una niebla proveniente del infierno, hace que ambos lugares se intercambien los papeles. La casa, aunque antigua y algo abandonada por parte de sus dueños, es el único lugar seguro dentro de la historia.

Hay que destacar la formidable banda sonora de James Bernard (muy en la línea de las que hacía para la productora) y la fotografía de Jack Asher, que plasma momentos de absoluta genialidad y recrea los páramos más siniestros que haya visto en cualquier adaptación de la novela. Además, se ve a un Terence Fisher en pleno apogeo de su carrera, desplegando su talento de oro, con un control absoluto del rodaje y quitando la razón a los que afirmaban que no se encontraba cómodo porque el proyecto era la adaptación literaria de un personaje demasiado admirado.

En la parte interpretativa, se destaca un Peter Cushing que nos ofrece al mejor Sherlock Holmes de todos los tiempos. Es un Holmes poderoso, dinámico, meticuloso, metódico, que domina la situación a lo largo del metraje. Creo sinceramente que tanto el barón Frankenstein, como el profesor Val Helsing y este personaje, estaban destinados para este actor nacido en Surrey, Inglaterra.

Hoy por hoy es imposible no mencionar a ninguno de los tres y no tener en la mente el rostro de Cushing. Los objetos tan emblemáticos del personaje del detective (la pipa, el bastón, el gorro y la vestimenta) son utilizados con maestría y elegancia por un Peter Cushing metido en el papel como si de ello dependiera toda su carrera y potenciando como ningún actor había hecho con anterioridad los elementos arquetípicos de Sherlock Holmes. Aunque el crítico Antonio José Navarro considera que Basil Rathbone es el mejor Holmes de la historia, nadie ha igualado la recreación que hace Cushing en este filme.

El resto de los actores son habituales en la filmografía de Terence Fisher. Se destaca al siempre refinado André Morell, como Watson, que cumple a la perfección; a un Christopher Lee que desentona en su papel de aristócrata (y más aún cuando por eso años el espectador estaba acostumbrado a verlo como el malo de las películas); a Francis De Wolff, como el enigmático doctor Mortimer; y a Ewen Solon, en el rol de Stapleton.

Hay pequeños fallos de guión, pero perdonables, porque el espectador no los aprecia y sólo los que han visto la película infinidad de veces se dan cuenta. ¿Por qué Mortimer huye cuando Watson le ordena que se quede con Sir Henry? ¿Será para forzar la historia y convertirlo en sospechoso? ¿No es un poco absurda la excusa de la pipa para que Holmes descubra que han robado la daga? ¿Qué clase de asesino metódico se deja todo por ahí tirado después de registrar?

Como adaptación de la novela es bastante libre y como película uno no puede perdérsela, sea o no admirador de Sherlock Holmes. De entre toda la obra de Terence Fisher, si tuviera que elegir un grupo de filmes, me quedaría con "La maldición de Frankenstein", "La venganza de Frankenstein", "Drácula", "Las novias de Drácula", "La momia" y, por supuesto, "El perro de Baskervilles".

Título original: "The Hound of the Baskervilles". Títulos alternativos: "El perro de Baskervilles", "El perro de los Baskerville" y "El sabueso de los Baskerville". País y año: Reino Unido, 1959. Director: Terence Fisher. Guión de: Peter Bryan, en base a una novela de Arthur Conan Doyle. Elenco: Peter Cushing, André Morell, Christopher Lee, Marla Landi y otros.










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